Puzzles for postmen

Siempre lo digo: el mundo está lleno de gente maravillosa… ¡y con ideas geniales!. Este chico, James Addison, en una muestra de afecto y reconocimiento al trabajo que hace Royal Mail (el homólogo inglés de Correos y que por cierto se privatizó el año pasado) ha enviado unas 30 cartas a familiares, amigos e incluso a sí mismo con la peculiar diferencia de “encriptar” la dirección del destinatario en cada una de ellas.

Comenta en el vídeo que siempre le fascinó la eficacia con la que trabajaba Frank, el cartero del pueblecito de Buckinghamshire donde él vivía. Y entonces se le ocurrió que podría “desafiar” la eficiencia de la compañía enviándoles acertijos en el lugar de la dirección, para ver si aún así conseguían entregárselas a su destinatario.

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Ponerle pasión a la vida

Hoy la cosa va de pájaros, pero no de los que tengo en la cabeza.

Descubrí el blog June Lemon hace relativamente poco y, como buena curiosa que soy, además de seguir día a día sus andaduras, también empecé a leerla desde el principio.

Allá por 2010 publicaba una entrada que tituló Blackbird, por la canción de The Beatles, e incluía una anécdota muy curiosa que yo desconocía: “los golpes que McCartney da en el suelo con el pie se colaron por error en la grabación pero le dieron tal autenticidad que George Martin decidió dejarlos en la canción final”.

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Imagen obtenida de http://www.thebeatles.com

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Casados

Hoy tenía otros planes para el blog, pero ha sido leer esto y sentir que tenía que compartirlo. Destila tanta pasión, tanta vida…

“Yo no quiero casarme. Nunca quise. Ahora, en la Argentina, aprobaron un nuevo Código Civil según el cual las parejas que vivimos en concubinato tendremos derechos parecidos a los que tienen las parejas unidas en la institución del matrimonio. Ya saben: compartir bienes, no quedar desamparados en caso de muerte de uno de los dos.

Y yo, perdón, quiero enviar todos esos derechos de regreso al remitente como si fueran una carta que me hubiera enviado el diablo. Yo no quiero que ninguno de esos derechos me cobije. No casarme es más que una omisión. Es mi bandera: un gesto. Es mi forma de decir que jamás haré parte de una institución anquilosada que devora personas y las devuelve —no a todas, sí a muchas— convertidas en un pedazo de carne sin apetitos, en un magma de mezquindades que nada tienen que ver con el amor. Y yo sólo quiero esto que tengo: tus ojos de lobo.

Maldita sea yo si espero que me cobijes con nada que no sea tu forma mansa de aplacar el viento negro que me arrasa. Maldita sea yo si necesito de vos algo más que tu silencio o que tus bromas tontas. No quiero dinero, ni casa, ni auto, ni cobertura social: a vos te quiero. Solo, entero, crudo, despojado. De vos no quiero la mitad de nada: quiero todo —todo— el continente de tu inmensa soledad en compañía. Maldita sea yo si quiero algo más que tus recuerdos y tu manera de no retroceder, de no tener miedo, de ser noble.

Dirán que tampoco es grave: que para que estos derechos sean reconocidos los convivientes deben registrarse y dejar constancia de esa unión. Pero se llevan mucho: se llevan la bandera, el gesto. Yo iría a ese registro. Y firmaría, con tinta de mis huesos, que cuando venga la muerte tendrá tus ojos. Y que, con eso, a mí me basta.” Leila Guerriero

Soy consciente de que el texto puede ser algo controvertido, principalmente porque está abierto a muchas interpretaciones. Yo sólo diré que sí quiero casarme, pero que no querría hacerlo si no sintiera todo eso que dice…

Y ustedes, ¿que piensan? 

PI

Esta es su frase favorita, y a mí él no me puede gustar más.

Reflexiones sobre las despedidas de soltería

El otro día nos juntamos todas las amigas. Una de esas raras ocasiones en que se alinean todos los planetas y conseguimos hacer un plan molón todas juntas. Bueno, faltaba una, pero nadie es perfecto.El motivo era la celebración de la despedida de soltera de María, la primera de nosotras en casarse.

Tengo que decir que yo nunca he sido muy fan del concepto “despedida de soltera/o”. Nació porque, antiguamente, los novios salían de la casa de sus padres para casarse y raramente vivían noches de juerga con amigos. ¿Ahora? Ni juntando los dedos de todas seríamos capaces de contar las fiestazas que nos hemos ‘pegao’ (eso, y que María lleva cuatro años viviendo con su novio, fíjense si abandonó la soltería hace tiempo). ¿Es que por casarse una tiene que dejar de vivir esos momentos con sus amigas de siempre? ¿O es que las que no nos casamos no tenemos derecho a que nos organicen una fiesta? Sin comentarios.

 

Tengo derecho a mi fiesta.

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